Y sonaron los aplausos en Chicago al tiempo que Barack Hussein Obama y su familia desfilaban por la pasarela que conducía al estrado del triunfo. Allí, su mujer y sus hijas se retiraban y un Obama rodeado de un aura de ilusión pronunciaba un discurso que probablemente será recordado por mucho tiempo.
El parlamento del presidente electo (que incluyó referencias a los fundadores americanos y una cita de Martin Luther King) no dejó indiferente a nadie, y debe ser porque el demócrata, viéndose tan cerca de la cima en los sondeos, debió dedicar un buen esfuerzo a elaborar un texto como colofón de su vertiginoso ascenso. De alguna manera, sabía que el mundo entero, además de sus compatriotas, le estaba escuchando.
Como anécdota, algunos lo han comparado con su tocayo, el atleta jamaicano Hussain Bolt, por su imparable carrera. A mí me parece una metáfora de lo más inteligente si se tiene en cuenta que con cada zancada (los sondeos diarios) ha hecho aumentar aún más la distancia con su adversario. Su victoria también es, en cierto sentido, un triunfo del sueño americano: luchar contra los prejuicios y la adversidad para conseguir hacer realidad un ideal (al menos, eso es lo que dice).
Por ahora, lo que se ha visto a lo largo y ancho de los Estados Unidos lo demuestra. La gente cantando y bailando el “Yes we can” en las calles, las llamadas entre los simpatizantes felicitándose por el resultado, los centenares de videoblogs actualizados con mensajes de esperanza para América por parte de ciudadanos que han vuelto a creer en el sistema y, sobretodo, esa imagen que muchas cadenas retransmitieron, la de Jesse Jackson llorando, muy emocionado…
Todo ello parece suficiente para que el día 4 de noviembre de 2008 sea bautizado como el de “La noche americana”, la fecha en que el pueblo demostró a Bush de la forma más clara posible que no estaba contento con lo que había hecho. Por ello, piden ahora un cambio que Obama ha sabido comunicar muy bien, pero falta ver como se sucederán las cosas. Por lo pronto, y aunque sea entre comillas, el momento ya es un símbolo más de la nación americana.
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